Viven

Hola amigos,

Muchos de vosotros me decís que hace tiempo que no escribo, y tenéis razón. No voy a poner excusa alguna, simplemente la vida, esa vida con su día a día que abandoné por un tiempo para tratar mi enfermedad, ahora me reclama con aquellos que están más cerca.

Se acercan las fechas navideñas, y para mí está siendo un tiempo de grandes emociones. Cuando tuve la recaída extramedular en Enero de este año, busqué artículos para entender en qué consistía esta evolución en mi enfermedad. Y sin querer, me topé con un estudio de unas decenas de pacientes, que decía que la esperanza media de vida una vez acaecida la enfermedad fuera de la médula era de siete meses. Nunca hice caso a estadísticas acerca de mi dolencia, porque al final cada individuo es diferente… sin embargo y sin quererlo me resigné a pensar que la navidad que acababa de vivir (convulsa, por la enfermedad de mi padre) sería la última para mí también…

Mucho ha acontecido este 2017. Y en este último mes, conforme se acercan las fiestas, un halo de nostalgia recorre mi interior. Pero es una nostalgia alegre. Mi sobrino Óscar, hijo de mi donante Miguel, acaba de nacer, y este fin de semana iré a Cantabria para conocerle en persona. Puedo decir que Óscar es “sangre de mi sangre” 🙂 Un embarazo con ciertas complicaciones, y un parto con alguna incertidumbre. Todos echábamos de menos a mi padre. Él, además de haber aportado su gran sabiduría y experiencia profesional, tenía el talento y la capacidad de serenarnos a todos cuando las cosas parecían venir más torcidas de lo esperado. Aparentemente silente, sin darnos cuenta, con su simple presencia lograba aquel efecto. Pues bien, ignoro qué mecanismos o trucos habrá allá en el cielo, pero cuando llegó el momento del parto una sensación de serenidad nos invadió a todos… y estoy seguro que venía de él, de mi padre.

Él sigue viniendo conmigo a todos los partidos del Unicaja; subimos juntos la cuesta del Carpena todavía con cierta fatiga por su parte y por la mía, nos sentamos y animamos a nuestro equipo. Él también estuvo viendo, seguro, por las ondas celestiales, mi intervención en 101TV en el programa Zona Verde, ¡anda que no me lo pasé bien, Papá! Gracias por encontrar siempre la manera de seguir acompañándome allá donde vaya.

Y en aquel programa de Zona Verde, también hubo un hueco para alguien que viene conmigo porque yo continúo con el pacto al que llegamos en vida. Mi querido Pablo Ráez es una leyenda para muchos malagueños y españoles que siguieron su heroica lucha contra la enfermedad. Para mí es un hermano, alguien que ha vivido lo que yo he vivido, y lo que es más importante, que lo ha sentido y lo ha vivido COMO yo lo estoy viviendo. Levantarse cada día a dar más amor. Sonreír. Aprovechar el hoy, que es irrepetible. Regalar vida a través de las donaciones de médula. Pablo me acompaña en todos los momentos, los buenos disfrutados y los difíciles. Sigo haciendo mi ritual saludo cada vez que entro en Carlos Haya, tocando el dintel de la puerta y diciendo “vamos Pablo”. Y ayer, tuve el privilegio y la sorpresa de reencontrarme con su padre, Paco, en la inauguración de la Fundación El Pimpi. Hablamos con una sonrisa de nuestro Pablo, y de sus cosas. Os comento, sin embargo, algo que me pareció increíble: Paco le ha hablado recientemente a estudiantes de medicina en Alicante de su experiencia; y desde el sosiego dejó mensajes inolvidables a aquellos chicos de la importancia de combinar la ciencia y el cariño. Y además, contó una anécdota acerca de Pablo y una infección que tuvo, que inicialmente se creía que era congénita, y que se descubrió a los veinte días que provenía de su catéter. Apenas un par de meses después era yo el que estaba sin defensas y con una infección aguda en mi habitación 602, más p’allá que p’acá. El mismo médico de infecciosos vino a visitarme y enseguida sospechó del catéter como fuente de la infección… Pablo y su experiencia previa con ese doctor probablemente salvó mi vida. ¿No es increíble? Gracias Pablo, seguimos en este camino siempre juntos.

Como veis, mi padre, Pablo… siguen aquí. Están vivos en cada paso que doy. Como Manolo, con el que paseo por Muelle Uno a través de Rosa y su hija Natalia con las que hablo a menudo. Como Borja, con el que comparto una pizza o una hamburguesa mientras disfruto de las fotos de su niño creciendo rápido de la mano de Jenni. O como mi querida Ana Rosa, valiente y guapísima, que se encontró en el cielo con su hijo pero dejó el hueco de nuestras conversaciones de WhatsApp para hablar de esas eternas preguntas sin responder, que sólo Él, nuestro Señor, podrá hacernos entender. Todos ellos VIVEN. No sólo en el recuerdo, sino en mi quehacer diario. En mis costumbres. En mis actos. En mis palabras. La vida con ellos es más maravillosa aún.

Os deseo a todos muy Feliz Navidad. Y os invito a disfrutar de aquellas personas a las que queréis, las que se pueden tocar, y las que viven como ellos. Y todos juntos valoremos el regalo de cada día. Que Dios bendiga a todas vuestras familias. Un abrazo. Yo confío. ¡¡¡VAMOOOOSSS!!!

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Vamos Gabi

Hola amigos,

En primer lugar, debo comentar las muy buenas noticias que llegan de la parte médica. El resultado del último PET/TAC muestra que no hay ninguna lesión nueva, y las lesiones antiguas o han desaparecido o han disminuido en tamaño e intensidad… Novedades ciertamente muy esperanzadoras y milagrosas, sabiendo la gravedad y la proyección que los médicos indicaron durante la primavera. Ahora nos queda un camino de consolidación que esperemos esté exento de más sustos, al menos durante unos cuantos meses.

El colegio es una época que todos recordamos con especial cariño. En mi caso, estuve los doce años que comprenden la EGB, el BUP y el COU en Maristas. En aquellos tiempos, niños de toda Málaga (no existía el concepto de zona de influencia) compartíamos clases de más de 40 alumnos por aula sin ningún trauma ni conflicto. Todos nos nombrábamos y conocíamos primero por el apellido antes que por el nombre. Cuando entraba algún profesor o visita al aula, nos poníamos todos de pie junto a nuestro pupitre. En los recreos jugábamos al fútbol en una cancha donde podía convivir 7 y 8 balones a la vez, y aun así sabíamos cuál era el de nuestra clase y dónde estaban nuestros compañeros. Nos llevaron de viaje a Madrid en 8º de EGB y a Italia en COU, ambos inolvidables.

Comprábamos bocadillos en el bar del colegio donde nos acumulábamos a empujones por un donut de 25 pesetas o los famosos bocadillos de sobrasada, salchichón o chicharrones. Nos divertíamos los fines de semana con partidos entre clases en la famosa Liga Interna, donde se forjaron históricos duelos. Y aquellos que nos apuntábamos a los equipos federados (de alta fama por aquel entonces tanto el de baloncesto como el de balonmano), disfrutábamos de las salidas a otros colegios que disponían de canchas más modestas y canastas con aros que parecían melones por su forma ovalada…

Teníamos eventos anuales que suponían una auténtica secuencia de tradiciones: el famoso concurso de villancicos, donde el pique entre nuestros tutores Don Julio, Don Adolfo y Don Juan de Dios era más que palmario… La visita a nuestra Patrona en el mes de Mayo. O las fiestas del Colegio en el mes de Junio donde disfrutábamos con juegos, casetas y verbenas.

Cuando acabó COU, cada uno de nosotros tomó su rumbo. Las rutinas que mantuvimos esos 12 años se esfumaron, y cada uno tuvo que forjar su propio destino. Algunos estudiando en la Universidad. Otros heredando el duro negocio de sus padres: carniceros, charcuteros, hosteleros, panaderos, mecánicos… Parecía que aquella realidad de Maristas, aquel grupo de chavales que compartimos tantas cosas, fuera un sueño que desapareció sin más…

Las nuevas tecnologías han permitido que, poco a poco, antiguos amigos se vayan reencontrando. Sin embargo, en el caso de mis compañeros de Maristas, ha ocurrido algo peculiar: un grupo de WhatsApp creado para mantenernos en contacto, algo silencioso en sus inicios, cambió totalmente su significado a partir de Junio de 2015. Mis amigos lo renombraron de “Maristas’75” a “Vamos Gabi”. Y como en la época del colegio, decidieron retomar ciertas rutinas. Hay una que se repite cada mañana desde que empezó este mi proceso: uno por uno, van pasando todos los miembros deseándonos buenos días, y seguidamente diciendo “Vamosss Gabiii”, o “Ánimo patrón!!!”, o bien “Arriba gandules, que Gabi ya está luchando”. Siendo un grupo de solo varones, algunos de ellos acompañan este saludo de ilustraciones para alegrar la mañana… ya me entendéis.

El reencuentro con mis amigos del colegio fue placentero por recordar los viejos tiempos. Pero sobre todo por comprobar lo especial de aquello que vivimos: a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de que en este grupo conviven gente de izquierda y derecha, de la burguesía acomodada y currantes; habiendo entre nosotros funcionarios, arquitectos, ingenieros, directores de cine, carniceros, pasteleros, jefes de seguridad, hosteleros, comerciales, abogados, gerentes, gestores… ocurre que ya no nos conocemos por el apellido, sino por el nombre de pila. Ya no nos categorizamos por las notas que sacamos, sino que todos nos vemos igual de capaces. Ya no buscamos lo que nos diferencia, sino que cuando uno de nosotros necesita algo, nos entregamos a tope por esa causa.

Esa es la magia de Maristas, o al menos de la promoción que he tenido la suerte de compartir y a veces orgullosamente representar. Amigos, probablemente nunca estaré lo suficientemente agradecido por todo lo que me disteis aquellos 12 años, y por el valor que supone cada mañana el ver un “Vamooosss” que me levante el ánimo a veces más bajo de lo normal. Os quiero a todos. Dios permita que ahora toque una época tranquila donde podamos celebrar como se merece nuestro 25 aniversario de salida del cole.

Un abrazo a todos. yo confío. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

Medjugorje

25 de Abril de 2017.

Pasada la Pascua de Resurrección, continúo con mi lenta recuperación de la quimioterapia y la septicemia que casi se me lleva por delante en el mes de Marzo. Me duele todo el cuerpo, sobre todo la espalda. Apenas puedo caminar. La audición de mi oreja izquierda decrece por días. Mi visión es cada vez más borrosa. Me faltan las fuerzas y la energía. La analítica de sólo dos días antes nos desvela una desagradable sorpresa: me he quedado repentinamente sin defensas. Asustado, ingreso en el hospital y allí me encuentro, en Carlos Haya, aislado, con la moral y la ilusión por los suelos. Perdido.

En esos momentos, entra un WhatsApp de Lorena, directora del Coro de San Miguel:

– Gabi, acabamos de sacar los billetes a Medjugorje. Nos vamos Rocío, Rosa y yo con nuestros cónyuges a finales de Septiembre.

Lorena y su hermana Rocío llevaban meses, desde que nos conocimos al principio de mi enfermedad, hablándome de aquel intrigante y fantástico lugar donde se aparece la Virgen. Me mandaron libros, vídeos, testimonios… Llegué incluso a soñar durante el ingreso de mi trasplante allá por Agosto de 2015 en subir a aquellos montes, darnos la mano y cantar alrededor de un crucifijo blanco que salía en una de las imágenes…

Sin embargo, aquel mensaje de Lorena me causó más tristeza e impotencia que ilusión. Pensar en Septiembre me parecía una broma de mal gusto, cuando semanas antes me debatía entre la vida y la muerte. Así se lo manifesté, prácticamente declinando mis opciones a unirme a esa peregrinación prevista. Ella volvió a espetarme una de sus categóricas y a la vez cariñosas frases:

– Gabi, si este es tu viaje, la Virgen será quien te lleve. Tú sólo pídele una señal.

Y así hice… pero a la inversa. Sinceramente, recé y pedí una señal que me indicase que este viaje programado NO era el mío. Algo que me confirmase que mi enfermedad era un factor limitante, y que disipase cualquier duda o frustración acerca de no poder acompañar a mis amigos del coro. Así que pensé: lo mejor es preguntarle a Reme qué le parece si nos vamos, ella seguro que me contesta que estoy medio loco, y todo resuelto. En cuanto llegó esa tarde, le lancé la pregunta con cierta neutralidad en mis palabras. Y la respuesta fue un sorprendente (todavía doy gracias a mi mujer por ella):

– Venga. Saca los billetes, con seguro de viaje, y ya veremos.

Y así lo hice, ciertamente convencido de aplicar el seguro de viaje cuando fuera necesario 🙂  Allí quedó un email remitido por Iberia enterrado en mi bandeja de entrada, esperando que el tiempo pasase… lentamente.


28 de Septiembre de 2017.

Tras dos largos vuelos habiéndonos levantado bien temprano, el autocar nos transporta por sinuosas carreteras desde Dubrovnik (Croacia) hasta el pueblecito de Medjugorje (Bosnia y Herzegovina). Aquel sueño inesperado del mes de Abril se ha hecho realidad cinco meses después. Vamos en camino a ver a la Madre. Y, según prescripción de los doctores, sin necesidad de tomar ninguna pastilla. ¿No es ya eso un milagro?

Siguiendo instrucciones, llevo mi alma y mi botella vacías, para dejarme sorprender por aquella bendita tierra, sus paisajes, sus gentes y su espiritualidad. Me siento emocionado. Algunas de las caras que nos acompañan me son conocidas, del Coro y de encuentros y retiros anteriores. Otros son matrimonios anónimos. Nos presentamos todos pasando por parejas por el micrófono del guía. Cada persona trae una motivación diferente, y a la vez todas comparten esa inquietud y esa sed de descubrir, de dejarse sorprender. Incluso los más reticentes (los llamados “arrastrados”). Enseguida percibo que este grupo humano era especial. Me marcan dos intervenciones, una de Ramón, mi nuevo hermano de 80 años, padre de Inma, que declara abiertamente diciendo que ha venido a este viaje por mí, porque yo también venía. Otra de uno del grupo de los arrastrados, que me dice al oído al bajar del bus “Gabi, yo veía arrastrado, pero tras escucharos a tu mujer y a ti, ya mi viaje ha cobrado una nueva dimensión y sólo por esto ya ha merecido la pena”. Siento firmemente que la Virgen a través de este blog y de nuestra experiencia vital también hace tantas llamadas y proporciona señales de esperanza y sustento a personas anónimas…

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Probablemente, la pregunta que más se repite a los que volvemos de Medjugorje es la siguiente:

Gabi, ¿pero de verdad se aparece allí la Virgen?

Dejadme que me extienda en una respuesta elaborada…

Los más apropiados para responder a esta pregunta son los videntes. Tuve la oportunidad de encontrarme con tres de ellos: Mirjana y Jakov ven a la Madre de forma periódica, y Marijana tuvo locuciones en las que oía la voz de la Virgen. Al contrario de lo que podemos pensar, los tres son personas totalmente normales. No se consideran especiales ni mejores o más santos por tener ese don. Es más: Jakov nos contó las frustraciones que sufría de joven porque él consideraba que transmitir los mensajes de la Virgen no tenía ningún mérito ni era ningún servicio a la comunidad, por eso rezó hasta que la Madre lo llamó a integrarse en la fundación parroquial que ayuda a los más necesitados de la región. Y es que la Virgen nos elige, pero no sirve sentirnos “especiales”: nos invita a ser humildes, a rezar y a trabajar por los demás.

Continué buscando señales de la aparición de la Virgen. Visitamos una tarde la Comunidad Cenáculo, fundada en los años 80 por Madre Elvira para acoger aquellos jóvenes, que veía vagar tristes y desilusionados por las calles ante las falsas propuestas del mundo, drogados y perdidos. Allí pudimos escuchar el testimonio de un chico joven, del cual se me quedó marcada a fuego una frase:

En mi vida antes de entrar al Cenáculo, tenía mucha gente alrededor, drogas, alcohol… parecía que lo tenía todo, pero sentí la soledad más absoluta. Mayor aún cuando mi mejor amigo murió de sobredosis por una papelina que yo le suministré. Todavía siento la herida en mi interior cuando inevitablemente me cruzo con sus padres por la calle. Sinceramente, todavía me cuesta volver a quererme a mí mismo.

Pensaba yo en los momentos de soledad y aislamiento en mi habitación de la sexta planta, en tantos ingresos. Horas, días completos de no poder dar la mano, una caricia, un beso, un abrazo… En cuanto acabó su intervención, me levanté para dar un largo y sentido abrazo a ese hombre, y decirle mirándole a los ojos que yo, en nombre de mis compañeros de viaje le queríamos tal y como era, con sus errores, con sus heridas, con sus miserias, y con todas las virtudes que ha comenzado a cultivar. La Virgen se nos aparece mostrándonos que siempre hay una segunda oportunidad para todos, que a través del amor misericordioso de su Hijo todos estamos llamados a la conversión a través del esfuerzo personal y de la acogida fraterna de nuestros hermanos.

Medjugorje significa “entre montañas”. Los dos principales de nuestra visita son el Podbrdo (la Colina de las Apariciones), y el Monte Krizevac (el Monte de la Cruz). Montañas escarpadas de roca erosionada por las lluvias y las escorrentías, de difícil acceso. La subida al Krizevac está compuesta de un Viacrucis hasta alcanzar la cruz blanca de la cima tras pasar por las catorce estaciones. 509 metros de altitud. ¿Cómo poder subir esa montaña en mi estado? Estaba claro que necesitaría ayuda para transportar mi silla plegable y nuestras mochilas. En algunas zonas, alguien tendría que darme un empujón o sostenerme para evitar mi caída. Y apareció un cirineo llamado César. Con la delicadeza y el cariño, con la palabra adecuada, con el silencio cómplice. Él sacrificó su subida, planeada seguro de forma más confortable, por permitir la mía a paso lento y majestuoso. A él, de manera espontánea, se fueron uniendo otros muchos, amigos y anónimos, que fueron relevándose en el porte de mi silla cual estandarte de la peregrinación. Benditos sean los cirineos de este mundo, desprendidos acompañantes de los enfermos y los que sufren. Dios os bendiga siempre.


José Luis y Magüi organizaron dicho Viacrucis dándole un marcado carácter conyugal. Pero el reto para Reme y para mí iba más allá de la superación de mis limitaciones físicas. Subir aquella montaña suponía rememorar momentos de esfuerzo, de dureza, de soledad, de incertidumbre… cumbres que hemos superado juntos, otras en las que estamos ahora mismo sumidos. Como en la vida misma, como en este proceso de enfermedad y curación, a veces el camino permite que avancemos juntos de la mano, ayudándonos. En otras zonas más duras cada uno debe subir por sus propios medios, como mejor se puede, aunque siempre con limitaciones. Avanzada ya la escalada, llegamos a la cartela con la cruz marcada con un VII, mitad del recorrido. El azar hace que me toque a mí la lectura de la Estación. La emoción contenida y el cansancio incipiente hace que mi voz salga entrecortada.

Séptima estación. Jesús carga con la Cruz.

La Virgen se nos apareció en aquel momento, recordándonos a Reme y a mí que las cruces desgraciadamente no desaparecerán por arte de magia. Que si no es en forma de enfermedad, pueden aparecer en forma de problemas con los hijos, del cuidado de nuestros padres, de desencuentros en el trabajo… Pero también Ella nos mostró desde la cima de esa montaña el camino recorrido: la cantidad de retos, pruebas y dificultades de todo tipo que juntos hemos superado, con nuestro estilo propio y diferente, lleno siempre de imaginación y de un carácter positivo inconfundible. Allí arriba, junto a la Cruz blanca, Reme y yo nos dimos el abrazo del perdón, un abrazo que significaba el soltar algunas piedras de la mochila, el asumir nuestras cruces, y el retomarlas con ilusiones renovadas. Y que, cuando haga falta ayuda, allí estarán nuestros Cirineos, esos amigos que sois verdaderos hermanos en la fe y en la vida, y que sacrificáis vuestra comodidad y tiempo por acompañarnos en estos momentos de necesidad.

Continuamos nuestra peregrinación, a una parroquia a las afueras de Medjugorje, en la localidad de Tijalina. Al principio de mi enfermedad, alguien del Coro me había enviado una estampa por WhatsApp, que tenía una imagen de una Virgen. Su rostro era diferente a todas las que había visto hasta entonces, y sobre todo su mirada era penetrante, una mirada maternal. ¡Cuántas noches en la soledad del hospital recé el rosario mirando esa fotografía! Pues sorprendentemente, al entrar en aquella pequeña parroquia, allí estaba Ella. Esperándonos con los brazos abiertos de Madre, para, tras tantos meses de encuentros a través de la pantalla de un móvil, poder recibir directamente suya ese esperado abrazo.

Entendí en ese momento aquello que me dijeron, que era la Buena Madre la que nos llamaba, no nosotros los que viajamos. Y allí se produjo uno de los momentos más emocionantes de la peregrinación: algunos miembros de nuestro Coro, en nombre de todos ellos que nos acompañaban también virtualmente con nosotros, cantamos la eucaristía completa. Ese “Coro que cura”, ese coro que te levanta con sus cantos, que te acompaña en las largas sesiones de quimioterapia o antibióticos. Y la Virgen me mostró que el Coro fue un regalo que Ella me proporcionó al principio de la enfermedad. Y me enseñó todos los regalos que me hace cada día. No tuve por más que terminar la eucaristía arrodillado, cantando “María, mírame” junto al resto de peregrinos de nuestro grupo y otro grupo de Méjico, en agradecimiento por la grandeza de nuestra Madre.

Las tardes de la peregrinación tenían todas el mismo esquema. En la amplia explanada tras la iglesia, se realizaba el rezo del Santo Rosario, seguido de una Misa y finalizado por una adoración del Santísimo, de la Santa Cruz, o una Oración de Sanación. La devoción y el silencio en aquel ambiente rural envolvía de una atmósfera especial una tierra que uno sentía ya como sagrada. Junto a la explanada, una hilera de improvisados confesionarios en múltiples idiomas donde los peregrinos esperaban pacientemente a ser atendidos. Y allí nos situamos en fila. Cada uno tenemos nuestras reticencias iniciales a contar nuestros pecados al sacerdote. Pero lo que es cierto, es que el Señor les concedió ese inigualable don: a los que se los perdonéis, quedarán perdonados. Llegó mi turno. La conversación fue más larga que de costumbre… y concluyó no sólo con la absolución sino que el cura sacó por sorpresa de su bolsillo de la camisa una reliquia del Padre Pío, la puso sobre mi cabeza y comenzó una oración por mi sanación… Oh bendita Madre, gracias por aparecerte en ese momento y sentir cómo me has acompañado y me acompañarás en todo este trayecto. Perdonando mis errores. Sanando mis heridas. Limpiando mi cuerpo y mi alma…

Junto a la explanada, se halla una estatua del Cristo Resucitado tallada en bronce. Desde 2001 mana intermitentemente de sus rodillas un misterioso líquido, que algunos afirman tiene propiedades curativas. Pasábamos a toda prisa sin detenernos en ella, de camino hacia la tumba del Padre Jozo. Yo miraba desde lejos y pregunté si podía entrar en ese momento para rezar en la estatua. El guía insistió: no, ya iremos en otra ocasión más adelante. Mi carácter facilitador hizo que le siguiera mi camino hacia la tumba dejando atrás aquella oportunidad única… Sin embargo, alguien más experto que yo, mi querido Ramón, se me acercó, me pidió que bajara mi cabeza a su altura, y me susurró al oído unas sabias palabras:

Mira Gabi… el Padre Jozo, por muy buena persona que fuera, está ya muerto. Tú sabes bien que lo que necesitas en estos instantes es abrazarte a Jesús Resucitado muy muy fuerte para que tire de ti para arriba, y te levantes.

Y así lo hice. Me salté todas las normas, me dirigí hacia Jesús, lo abracé, y allí mismo comprendí que todo camino de sufrimiento tenía su sentido, su Resurrección. Lloré, recé, me recompuse, me abracé con Reme, luego los dos con Inma y con su padre Ramón, y le di las gracias por haberme “obligado” a cambiar los planes y vivir ese necesario momento. Y es que la Virgen nos llama a nuestra propia misión, diferente, única, no comparable con la de ninguno de nuestros hermanos. Pero a la vez, como ella nos dijo en su mensaje.

Desde que mi Hijo era pequeño me decía que para Él todos los hombres son sus hermanos. Por eso recordad, apóstoles de mi amor, que todos los hombres que encontráis son familia para vosotros, hermanos según mi Hijo.

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Nos quedaba la guinda. El día de las apariciones. 2 de Octubre. Dejo para el secreto de nuestras almas lo que Reme y yo sentimos en aquel lugar sin duda sagrado. La Virgen estuvo allí. Sin embargo, ella nos guardaba un último regalo. Nuestro guía Nikola tuvo la deferencia de colocarnos en una zona más protegida para enfermos. Y allí, de casualidad, pudimos conocer a Isabel y a su hermano Nacho. Él es un ángel del cielo luchador como ninguno, al que por su coraje, valentía y buen humor la Virgen le ha concedido una pausa en el (según los doctores) irremediable deterioro causado por una enfermedad degenerativa. Lo grande de la noticia es que dicha pausa dura ya… 9 años. Los mismos que llevan Nacho e Isabel visitando a la Gospa. Dios os bendiga, amigos sevillanos, vuestro testimonio va en nuestros corazones y deseamos firmemente un próximo reencuentro.

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Podría extenderme muchísimo más, con más momentos vividos. Sinceramente, ya me parece suficiente para volver a la pregunta original, queridos amigos: 

Gabi, ¿pero de verdad se aparece allí la Virgen?

Y la respuesta, ya habéis visto, es un SÍ con mayúsculas. Porque a través de todas las señales que cada uno va recibiendo, señales totalmente personalizadas, nos habla, nos acoge, nos quiere y nos cuida en lo más profundo de nuestro corazón.

Deseo de corazón que vosotros, queridos amigos, recibáis también a través de estas señales el convencimiento de que vuestra Madre del Cielo os quiere. Reina de la Paz, ruega por nosotros y por el mundo entero. Un abrazo, hermanos. Yo confío. ¡¡¡Vamooosss!!!

 

Vida tras la vida

Hola amigos,

Son las 20:10 y ha pasado ya un mes de mi anterior post… no tengo perdón de Dios. Acabo de salir de la ducha, donde por fin he podido quitarme el apósito de lo que antes fue la entrada del catéter y dejar que al agua cayese a placer por todo mi cuerpo. Uno más de esos placeres sencillos de la vida que se valora al máximo cuando no se ha tenido durante 60 días en pleno verano…

Se podría decir que mis vacaciones comienzan hoy. Me he liberado de tratamientos, visitas diarias al hospital, radioterapia, PETs, resonancias magnéticas… al menos durante las próximas semanas si Dios quiere. Me invade una sensación de permanente alegría y excitación, que sin querer trato de transmitir a todo el que me rodea y en todas las circunstancias. Deseo contagiar a todo el mundo de esta realidad: estoy vivo, sigo aquí, y probablemente en el mejor momento con diferencia de todo 2017. Bien sabemos que la incertidumbre sigue ahí. Pero precisamente porque lo sabemos, bien tenemos que celebrar y disfrutar de estos buenos momentos.

En esta época tecnológica, circulan por los diferentes canales sociales (WhatsApp, Facebook, etc.) frases de personas memorables, famosas o heroicas que tratan de darnos lecciones y consejos para la vida, para ser mejores. Esto es un buen hábito, sin embargo llega un punto que tantas frases y fotos inundan nuestro subconsciente, perdiendo el objetivo inicial para las que fueron enviadas.

Y sin embargo, la tecnología a veces impide que nos fijemos en los verdaderos maestros de la vida: nuestros mayores. Hoy quiero dedicar mi blog a uno de ellos, a la tía Anita. Os podría contar muchas cosas de su historia: nació en Vélez hace 102 años, pasó parte de su vida en Córdoba tras perder a sus padres muy joven. Se dedicó a la costura, labor en la era muy mañosa, pero la mayor parte de su tiempo la dedicó a los demás. Al ser soltera, cuidó a sus mayores hasta el final; seguidamente crio a sus sobrinos y sobrinos nietos… pero es que en realidad para ella cualquier familiar cercano o lejano seguía siendo familia. Ella siempre ha tenido preparados en su casa regalos y juguetes para todos, e incluso, debido a su menudez en altura, jugando con los niños mezclándose con ellos.

Lo mejor de Anita, sin embargo, no es su generosidad, su entrega, su cariño. Lo mejor de Anita es que supo vivir estos 102 años… sin emitir una sola queja. Cada vez que le pregunto, Anita, ¿qué tal estás? Siempre la he escuchado responder: Estupendamente, Gabi, qué alegría más grande verte. De hecho, esta vez me sorprendió extendiendo su respuesta: además no soy tan mayor y todavía me quedan muchas cosas por hacer… Y es que ella sigue yendo a los baratillos donde su especialidad son los zapatos.

Anita fue probablemente la primera que sospechó que algo malo me pasaba hace algo más de dos años, cuando no pude ir a su fiesta sorpresa de su 100 cumpleaños porque (entonces aún sin diagnostico) me dolía la espalda. El mejor regalo que pude hacerle a Anita es empezar estas mis “vacaciones” yendo a verla y comiendo con ella. Como me decía, he pedido mucho por ti Gabi. Sin duda, Anita, tus oraciones de persona buena han llegado al cielo y han conseguido que sigamos aquí y así de bien.

Y es que no importa la edad: solo viviendo en la sencillez y la entrega se genera vida tras la vida. Anita es un gran ejemplo de ello, aunque sus frases no se difundan por internet. Ojalá todos tengamos la suerte de seguir aprendiendo de ti. Te quiero.


Un abrazo. Yo confío. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

Cumpleaños feliz

Hola amigos,

El verano continúa, Agosto avanza sin prisa pero sin pausa y ya ha pasado la Feria de Málaga. Pronto empezaremos la “Vuelta al Cole”, y las rutinas volverán a vuestras vidas. Sin embargo, desde finales de Julio, yo vivo en una rutina constante, sin descanso. Cada mañana, me levanto, desayuno con cierta dificultad pues el apetito está más apagado que de costumbre, cojo mi coche y salgo rumbo al hospital para ponerme mi dosis diaria de Ambisome, el antibiótico que curará la infección de mi espalda.

Haga calor o frío, salga el sol o esté nublado, sea laborable o festivo… llevo ya con hoy 26 días de tratamiento, de un total de 40 previstos. 40 días, número bíblico que refiere a tiempos de desierto, y que sobrellevo mientras la gente disfruta de la feria, se baña en la playa, viaja por lugares preciosos… Mi rutina es esta, y en mitad los efectos secundarios del antibiótico: diarrea, inapetencia, sueño que me hace dormir unas dos horas de siesta cada dia, etc etc.

Por otra parte, los resultados del PET mostraron pequeños focos de captación que han aparecido en mi costado, en mis pelvis, y en mi brazo izquierdo. El del brazo fue biopsiado y eliminado, siendo el resultado de la biopsia de origen infeccioso. Una especie de “espinilla gigante” que hubo que explotar con bisturí, limpiar y analizar cuidadosamente. Para los otros focos, dada su inaccesibilidad, tendremos que usar el único arma que nos queda ante la duda de su naturaleza: la radioterapia. Así que los 40 días de travesía concluirán con cinco días de radioterapia intensiva para atacar esos puntos.

Dentro de estos días de rutina, ha habido grandes acontecimientos. Mi hermano Miguel ha estado en Málaga con su familia, y he podido disfrutar de mi sobrina Paula… ¡Está más graciosa! Me encanta ver cómo se integra con sus primos – mis hijos -, y cómo desarrolla ya su propia personalidad.

El día 11 por la noche, a pesar de mi estado de cierta debilidad y fiebre, pudimos bajar a ver los fuegos artificiales del comienzo de la feria. Como cada ocasión desde aquel 14 de Agosto de 2015, ese evento quedará por siempre ligado a mi trasplante de médula. Dos años, y ciertamente mientras veía los cohetes dibujar siluetas en el cielo, y reflejar sus colores en el mar, lo que salía de mi corazón era un sentimiento de “GRACIAS”. Miraba a mis hijos, ¡han crecido tanto estos dos años! Gracias, Señor, por permitirme verlo. Recordaba también en ese momento, como en tantos muchos otros, a mis queridos amigos que desde el Cielo presenciaban también este espectáculo: mi querido Manolo, mi Borja del cual me acuerdo cada vez que saboreo una hamburguesa o una pizza, y por supuesto mi Pablo, ese Pablo al que saludo cada mañana al entrar en el hospital en una rutina que repito siempre: toco el dintel de la puerta (solo yo llego hasta esa altura), me santiguo, miro a la derecha adonde se ve a lo lejos el sagrario de la pequeña capilla, y digo “vamos Pablo, otro día para ser caminado juntos”. Y al salir, repito la misma secuencia con un “hasta mañana Pablo, seguimos caminando tío”.

¿Cumpleaños feliz? Más que feliz, cumpleaños agradecido. Sigo adelante en la rutina, en mi rutina. Aprovechando cada día que se nos regala lo mejor que puedo. Seguro que me equivoco, seguro que lo puedo hacer aún mejor, pero no quedará por no intentarlo. Y como decía mi Abuelo Rafael cada vez que soplaba las velas, “yo solo pido salud, y que nos veamos otro año más igual o mejor en lo que se pueda”.

Un abrazo. Yo confío. ¡¡¡Vamooosss!!!

P.D: No quería acabar este post sin también felicitar a nuestra amiga Pepa por su cumpleaños. El mejor regalo: poder estar, estar en la fiesta sorpresa que su familia y sus amigos organizaron con tanto cariño. Estar… ¡bendito lujo! Felicidades Pepa.

Vacaciones

Hola amigos,

Me encuentro en el hospital ingresado. La resonancia magnética confirmó que la lesión infecciosa permanece, y aunque no sabemos el nombre del bicho, por el patrón de comportamiento los doctores han decidido actuar empíricamente asumiendo que la infección lo ha producido un hongo.

El tratamiento supone la ingesta de antibióticos por boca y por vena, primero seis días ingresado en planta, y luego viniendo cada mañana al hospital desde casa. Éstas serán, por tanto, las vacaciones de 2017.

Así, hicimos el equipaje para una semana, y llegamos el miércoles por la noche a nuestros aposentos. El hotel es conocido, aunque esta vez nos han situado en la planta de infecciosos, la quinta, donde se realizan los tratamientos de limpieza de bichos, cual si de un spa se tratase.  Nuestra anfitriona, la doctora Sobrino, nos recibió para realizarme el reconocimiento previo al tratamiento. Me ha hecho diferentes ejercicios de estiramiento, y su reacción ha sido muy positiva: “tu estado actual con esa lesión es increíble…” y también “cuánto has mejorado la movilidad comparado con hace cuatro semanas” (cuando me ingresé para la biopsia de espalda). Luego me ha dicho que esto antes se dejaba curarse solo, pero que tras tanto tiempo no podemos arriesgarnos. Así que empezaremos poniendo el catéter y el tratamiento hoy mismo a primera hora.

Como digo, el hotel de estas vacaciones es conocido. Sin embargo, me han dado una pulsera diferente esta vez, y tendré derecho a otros servicios: me pondrán solo la medicación por la mañana y el resto del día es… esperar. De hecho, me dejan (por primera vez) estar desenchufado del suero y poder salir de la habitación y dar paseos por el hotel… con total libertad. Hoy he estrenado este “privilegio”, y claro, la querencia ha sido subir a mi querida sexta planta de Hematologia. Allí todo es diferente, más pausado, reina el silencio, y me siento casi como en casa. Pasarme por allí en mi estado actual ha sido como un soplo de aire fresco para doctores (allí estaba Dani Barrios de guardia) y enfermeras que no me veían desde mi ingreso de Cuaresma… y para mí es una constatación de la grandeza del Señor, y de cuantos milagros y regalos nos hace. Nos hemos fundido todos en un enorme abrazo. Y es que ellos antes de sanitarios son personas… También me dicen que mi evolución y mi trayecto ya no aparece en los libros, así que tendremos que escribir el mío propio 😊

En ese silencio, observaba desde el pasillo la entrada a la zona de cámaras de aislamiento… hoy, precisamente hoy, estaba fijada la fecha de mi trasplante… debería estar ahí dentro jugándomelo a vida o muerte, y sin embargo estoy aquí en la 504 tratando una infección… La vida es siempre imprevisible, por eso hay que intentar vivir cada día como un regalo irrepetible. Valorar lo sencillo. Como en mi caso, el mero hecho de poder caminar, pues la doctora me confiesa que la infección inicialmente (y cuando me dio el bajón de 0 defensas) estuvo cerca de dejarme parapléjico…

Este hotel no tiene catering, ni buffet. Te ofrecen una bandeja de comida en la habitación, en lo que podría ser un “servicio de habitaciones”, aunque la comida es de calidad diversa. Para paliar esta posible carencia, mi hermano Rafa vino anoche a compartir en la habitación unas pizzas de Domino’s, recordando los viejos tiempos del ingreso de primavera. En aquel entonces, tomaba apenas media pizza mediana, sin embargo ayer nos tomamos una entera cada uno. Qué mejoría más palpable…

Pues este es el comienzo de mis vacaciones. Estoy seguro que mientras, vosotros, queridos lectores del blog, habéis hecho las maletas cargados de ilusión para disfrutar de estos días de descanso. En lugares preciosos, playas paradisíacas, ciudades monumentales, o naturaleza salvaje… pues bien, ese es mi reto también, coger mis maletas, y convertir estos duros días de ingreso en esas “vacaciones” que no tendré este año.

Un abrazo a todos. Disfrutad de vuestras vacaciones y valoremos siempre lo que tenemos. Yo confío. 😊🙏😘

Pipas aguasal

Hola amigos,

Pido disculpas por el retraso de este post. Estaba esperando los resultados de la biopsia de la vértebra a la que me sometieron hace ya algo más de dos semanas. Y ciertamente los resultados se hicieron de rogar… porque finalmente fueron que no han encontrado ningún hongo, bacteria o ser cultivable en laboratorio que justifique el pus en la espalda.

Lo que pudiera ser una situación desesperante, o frustrante por haber realizado un ingreso y una intervención para aparentemente no obtener ningún resultado, se ha convertido en un símbolo de confianza. Tirando del dicho inglés de “no news, good news”, mientras no haya algo que requiera nuestra atención, yo voy a seguir con el plan de ir recuperando mi vitalidad física y sobre todo mental, de ir acumulando días de curación. Mientras, los planes médicos siguen su curso y la idea es realizar una nueva resonancia magnética para valorar el estado de la lesión en la espalda. Si estuviese presente la infección todavía, dispararían a ciegas con antibióticos preventivos… pero ya contaremos esa historia, cuando llegue 🙂

Os confieso que nunca fui de chucherías. Y de ser de algunas, siempre preferí las saladas a las dulces. Incluso ahora siendo padre, veo con entusiasmo cómo todos en casa consumen saras, gominolas y otros dulcecillos azucarados de colores mientras yo permanezco en mis tradicionales almendras tostadas, palomitas, quicos o pipas. Estas últimas las cito al final porque en la vida anterior a mi enfermedad me parecían algo aburridas, probablemente por la ineficiencia de su consumo: en el tiempo que lograba llevar a mi boca una pequeña semilla de girasol podría haber consumido un buen puñado de maíz tostado…

Sin embargo, el año pasado comprendí que el objetivo de las pipas no está en ser engullidas rápidamente. Mi amigo Juanjo me enseñó que la magia de las pipas está en compartirlas alrededor de una buena y profunda conversación. De esas que ya no se estilan, por la prisa y la supuesta “constante eficacia” de nuestra vida moderna. Conversaciones donde las palabras son tan importantes como los silencios, donde el reloj se detiene y el tiempo se mide no en segundos, sino en chasquidos de cáscaras…

Tras tantos meses de avatares, de ingresos, de incertidumbre… echaba de menos compartir uno de esos momentos “pipas aguasal” (hago aquí un inciso: no las Tijuana, siempre las aguasal). Gracias a la amabilidad y cariño permanente de los anfitriones Sebastián y Carmen, nos reunimos Reme y yo en su casa junto a Titi y Juanjo (amigos y compañeros de clases de vela) . El plan era sencillo: una cena variada y no muy pesada, una mesa en la terraza, buenas vistas a la bahía, mejor compañía… y de postre, pipas. Gracias amigos por una noche que se hizo corta y que acabó más tarde que de costumbre. Una pena que no hiciéramos una foto para ser publicada aquí.

El aroma de las pipas aguasal trajo a mi mente la frescura de nuestro mar, ese mar que siempre busco para disfrutar de cualquier forma durante cualquier momento del año… y también me recordó la cercanía de una fecha entrañable, la festividad de la Virgen del Carmen. Este año he tenido la suerte de celebrarla en dos eventos inolvidables. El primero fue una visita a Benalmádena a la parroquia de la Virgen del Carmen, donde fuimos con nuestro coro a cantar y compartir la misa homenaje a la patrona junto con el coro local. Aparte de la emoción por cantar junto a mi querido coro con otras personas a las que no conocía pero con las que enseguida nos unió el lenguaje universal de la música, fue un momento intenso el poder conducir yo mismo (un ratito) de nuevo, el poder pasear (aunque fuera a un ritmo menos rápido del habitual), el compartir unas pizzas, la amena conversación en el calor de una noche de verano… Viendo la trayectoria de 2017, estos pequeños momentos parecen casi milagrosos. Allí, de repente, se acercaron dos hijas de amigos de mis padres, lectoras asiduas de este blog, que me identificaron entre los comensales de la abarrotada pizzería y me saludaron afectuosamente ante la mirada sorpresiva del resto de amigos de los coros 🙂 Desde aquí os mando un saludo.

Y para redondear esta entrañable fecha, una anécdota inolvidable: el fin de semana lo hemos pasado en Sabinillas, en un apartamento prestado por Juan y Mari Carmen (gracias de corazón, familia, siempre dispuestos para todo lo que hace falta), padres de mi amigo Juanjo; dado que Elena concluía su Campus de Unicaja y debíamos recogerla hoy lunes. Allí, disfrutamos de las magníficas playas, de la tranquilidad del entorno, y de la procesión ayer de la Virgen del Carmen. La vimos primero pasando delante del apartamento. Luego en su paseo por el mar, majestuosa, acompañada por las embarcaciones locales. Finalmente en su desembarco y vuelta en procesión… donde ocurrió lo que no podía esperarme nunca. En una localidad lejos de Málaga capital, donde todos los hombres de trono parecían de familias oriundas de Manilva, forjadas en el mundo de la pesca y el mar… ¿qué hacía allí un querido amigo argentino, vestido impecablemente con el uniforme de marinero, llevando el trono? Pues estaba. Él me vio, se acercó, y yo no me lo podía creer. Nos abrazamos largamente. Vernos fuera del entorno donde habitualmente nos encontramos cada semana fue algo mágico, tanto para él como para mí. En esas citas semanales, ambos nos solemos comportar de manera profesional, amable pero también aséptica, sin entrar en detalles personales. Sin embargo, sacarnos de nuestro entorno ayudó a, sin decirlo explícitamente, poder sonreír juntos y bajo el manto de la Virgen protectora sentir ambos que era un momento especial.

En estas fechas donde según los planes iniciales yo debía estar acabando de recibir mi segunda serie de quimioterapia intensiva, y estar ingresado para el trasplante de médula, allí estábamos ambos bajo la Virgen del Carmen: yo en el día más saludable de 2017 con mi familia de vacaciones, y él, mi querido doctor Alejandro Contento, feliz de nuestro encuentro habiendo roto de nuevo las reglas y los planes que se escriben en libros médicos. ¡Gracias querida Madre por tu protección y por estar presente en estos encuentros “casuales” que llenan de alegría nuestra vida!

Amigos, apreciemos el valor de la compañía y el cariño compartido. Incorporemos más de esos momentos “pipas aguasal” a nuestras vidas. Mientras llegan los resultados (o los no-resultados…) yo confío. Un abrazo. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!