Pipas aguasal

Hola amigos,

Pido disculpas por el retraso de este post. Estaba esperando los resultados de la biopsia de la vértebra a la que me sometieron hace ya algo más de dos semanas. Y ciertamente los resultados se hicieron de rogar… porque finalmente fueron que no han encontrado ningún hongo, bacteria o ser cultivable en laboratorio que justifique el pus en la espalda.

Lo que pudiera ser una situación desesperante, o frustrante por haber realizado un ingreso y una intervención para aparentemente no obtener ningún resultado, se ha convertido en un símbolo de confianza. Tirando del dicho inglés de “no news, good news”, mientras no haya algo que requiera nuestra atención, yo voy a seguir con el plan de ir recuperando mi vitalidad física y sobre todo mental, de ir acumulando días de curación. Mientras, los planes médicos siguen su curso y la idea es realizar una nueva resonancia magnética para valorar el estado de la lesión en la espalda. Si estuviese presente la infección todavía, dispararían a ciegas con antibióticos preventivos… pero ya contaremos esa historia, cuando llegue 🙂

Os confieso que nunca fui de chucherías. Y de ser de algunas, siempre preferí las saladas a las dulces. Incluso ahora siendo padre, veo con entusiasmo cómo todos en casa consumen saras, gominolas y otros dulcecillos azucarados de colores mientras yo permanezco en mis tradicionales almendras tostadas, palomitas, quicos o pipas. Estas últimas las cito al final porque en la vida anterior a mi enfermedad me parecían algo aburridas, probablemente por la ineficiencia de su consumo: en el tiempo que lograba llevar a mi boca una pequeña semilla de girasol podría haber consumido un buen puñado de maíz tostado…

Sin embargo, el año pasado comprendí que el objetivo de las pipas no está en ser engullidas rápidamente. Mi amigo Juanjo me enseñó que la magia de las pipas está en compartirlas alrededor de una buena y profunda conversación. De esas que ya no se estilan, por la prisa y la supuesta “constante eficacia” de nuestra vida moderna. Conversaciones donde las palabras son tan importantes como los silencios, donde el reloj se detiene y el tiempo se mide no en segundos, sino en chasquidos de cáscaras…

Tras tantos meses de avatares, de ingresos, de incertidumbre… echaba de menos compartir uno de esos momentos “pipas aguasal” (hago aquí un inciso: no las Tijuana, siempre las aguasal). Gracias a la amabilidad y cariño permanente de los anfitriones Sebastián y Carmen, nos reunimos Reme y yo en su casa junto a Titi y Juanjo (amigos y compañeros de clases de vela) . El plan era sencillo: una cena variada y no muy pesada, una mesa en la terraza, buenas vistas a la bahía, mejor compañía… y de postre, pipas. Gracias amigos por una noche que se hizo corta y que acabó más tarde que de costumbre. Una pena que no hiciéramos una foto para ser publicada aquí.

El aroma de las pipas aguasal trajo a mi mente la frescura de nuestro mar, ese mar que siempre busco para disfrutar de cualquier forma durante cualquier momento del año… y también me recordó la cercanía de una fecha entrañable, la festividad de la Virgen del Carmen. Este año he tenido la suerte de celebrarla en dos eventos inolvidables. El primero fue una visita a Benalmádena a la parroquia de la Virgen del Carmen, donde fuimos con nuestro coro a cantar y compartir la misa homenaje a la patrona junto con el coro local. Aparte de la emoción por cantar junto a mi querido coro con otras personas a las que no conocía pero con las que enseguida nos unió el lenguaje universal de la música, fue un momento intenso el poder conducir yo mismo (un ratito) de nuevo, el poder pasear (aunque fuera a un ritmo menos rápido del habitual), el compartir unas pizzas, la amena conversación en el calor de una noche de verano… Viendo la trayectoria de 2017, estos pequeños momentos parecen casi milagrosos. Allí, de repente, se acercaron dos hijas de amigos de mis padres, lectoras asiduas de este blog, que me identificaron entre los comensales de la abarrotada pizzería y me saludaron afectuosamente ante la mirada sorpresiva del resto de amigos de los coros 🙂 Desde aquí os mando un saludo.

Y para redondear esta entrañable fecha, una anécdota inolvidable: el fin de semana lo hemos pasado en Sabinillas, en un apartamento prestado por Juan y Mari Carmen (gracias de corazón, familia, siempre dispuestos para todo lo que hace falta), padres de mi amigo Juanjo; dado que Elena concluía su Campus de Unicaja y debíamos recogerla hoy lunes. Allí, disfrutamos de las magníficas playas, de la tranquilidad del entorno, y de la procesión ayer de la Virgen del Carmen. La vimos primero pasando delante del apartamento. Luego en su paseo por el mar, majestuosa, acompañada por las embarcaciones locales. Finalmente en su desembarco y vuelta en procesión… donde ocurrió lo que no podía esperarme nunca. En una localidad lejos de Málaga capital, donde todos los hombres de trono parecían de familias oriundas de Manilva, forjadas en el mundo de la pesca y el mar… ¿qué hacía allí un querido amigo argentino, vestido impecablemente con el uniforme de marinero, llevando el trono? Pues estaba. Él me vio, se acercó, y yo no me lo podía creer. Nos abrazamos largamente. Vernos fuera del entorno donde habitualmente nos encontramos cada semana fue algo mágico, tanto para él como para mí. En esas citas semanales, ambos nos solemos comportar de manera profesional, amable pero también aséptica, sin entrar en detalles personales. Sin embargo, sacarnos de nuestro entorno ayudó a, sin decirlo explícitamente, poder sonreír juntos y bajo el manto de la Virgen protectora sentir ambos que era un momento especial.

En estas fechas donde según los planes iniciales yo debía estar acabando de recibir mi segunda serie de quimioterapia intensiva, y estar ingresado para el trasplante de médula, allí estábamos ambos bajo la Virgen del Carmen: yo en el día más saludable de 2017 con mi familia de vacaciones, y él, mi querido doctor Alejandro Contento, feliz de nuestro encuentro habiendo roto de nuevo las reglas y los planes que se escriben en libros médicos. ¡Gracias querida Madre por tu protección y por estar presente en estos encuentros “casuales” que llenan de alegría nuestra vida!

Amigos, apreciemos el valor de la compañía y el cariño compartido. Incorporemos más de esos momentos “pipas aguasal” a nuestras vidas. Mientras llegan los resultados (o los no-resultados…) yo confío. Un abrazo. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

Elena

Hola amigos,

Una breve nota en lo médico, pues no hay excesivas novedades: me hicieron la punción en la espalda, dirigida a través de scanner, de la cual obtuvieron tanto tejidos para analizar como una jeringa de pus al succionar la zona afectada. La aparente alegría por la evidencia de la existencia de pus, y la buena noticia de que los tejidos no estaban afectados por leucemia, dejó paso a una nueva nebulosa porque los cultivos realizados no explicaban qué bichito es el que está provocando la infección… Así que seguimos a la espera, y aunque la espalda va un poquito mejor, sigo necesitando de antiinflamatorios. Probablemente me tengan que repetir la punción esta semana, en otra zona. Seguiremos informando 🙂

Estamos a final de curso, y este post se lo quiero dedicar íntegro a mi hija Elena. Ella termina ahora sexto de primaria. Un momento de transición donde parece que el tiempo se detiene. Y observas a tu hija. Atrás quedó el tiempo donde papá la vestía bien temprano para ir a la guardería desde la Cala del Moral hasta allá por Martiricos, y le realizaba los famosos peinados “cola palmera” y “coletas fuente” con la que quedaba siempre tan graciosa y sonriente. Elena ya tampoco es la pequeña a la que llevaba de la mano al colegio, subiendo todos esos escalones, mientras me pedía canciones en el trayecto del coche. Ni siquiera parecen quedar rastros de aquella niña que caminaba lentamente por el pasillo de San Gabriel para recibir su primera comunión…

Mis continuos ingresos no me han permitido seguir de cerca estos dos últimos años de crecimiento. Un crecimiento, amigos, que puedo confirmaros que se ha materializado por dentro y por fuera. Lejos de necesitar que yo me convirtiese en un padre exigente y duro al volver a casa, ella ha tomado un altísimo grado de responsabilidad tanto con sus tareas como con los quehaceres de la casa, en especial con el cuidado de su hermano Gabi. Elena, que parece siempre esquiva a los gestos de cariño, se acerca con preocupación a chequear cómo me encuentro, y acude siempre solícita a todo lo que le digo que voy necesitando.

Os cuento una anécdota: las circunstancias hicieron que tuviéramos que mover la celebración de su cumpleaños de Noviembre a Enero, y luego de Enero a… sin día. Estamos a finales de Junio y su onceavo cumpleaños no ha sido celebrado aún. Ni siquiera le pudimos buscar el regalo… Todos estos meses, ella no sólo no ha reclamado nada por su parte, sino que al contrario, convirtió ese hecho en un motivo más para animarme a mi recuperación. “Papá, cuando estés mejor entonces celebraremos mi cumpleaños”, repetía con cierta frecuencia con su habitual ilusionante sonrisa…

Llegados a este punto de mi enfermedad, donde “estar mejor” o “estar peor” cada vez depende más de mi propio estado físico y de ánimo, decidí que era el momento de hacer algo. Así que preparamos un cómplice plan entre padre e hija, en compañía de Reme y de mi suegro. La recogí por sorpresa del cole, y me la llevé a hacer un plan de esos que siempre hubiéramos hecho estando sanos. Primero un trayecto en coche donde hablamos de todas sus anécdotas del día y de la semana: el fin de curso, los profesores, sus amigos, sus planes para el verano… Seguidamente fuimos a la tienda a comprarle su regalo, algo que le hacía mucha ilusión y que llevaba mucho tiempo posponiendo. Me di cuenta de lo grande que está ya, y cómo se fija en aspectos como “papá yo no necesito el que sea más caro”, “vamos a leer las características”, “mira papá cuánta garantía tiene …”. Y finalmente, regalo en mano, ¿qué mejor que un atracón de salchichas con ketchup en el Ikea para celebrarlo? 🙂

El regalo de ese día no fue el de cumpleaños, nos hicimos ambos el regalo de convertir un día cualquiera en un día especial, un día de los que serían “normales” en otras circunstancias, pero que ahora es grandioso e irrepetible. Elena, te haces grande y yo doy gracias a Dios por poder contemplar aquí en casa cada uno de estos pasos. Aunque en lo profundo de mi corazón, sigues siendo aquel bebé que se dormía acurrucado en mi hombro mientras te cantaba una nana por el pasillo.

Un abrazo amigos. Yo confío. ¡¡¡Vamooosss!!!

 

No temas…

Hola amigos,

Os dejé hace un par de semanas en una situación extraña, complicada e incierta. Sorprendentemente, la vitalidad que se había perdido aparentemente a causa de un virus, ha vuelto. Parece (gracias a mi cuñado Paco) que aquel atontamiento pudo haberlo provocado el cambio en la marca de los parches de morfina, que básicamente me provocó un “emporramiento generalizado”. Puede que el virus finalmente se marchase. ¿Quién sabe?

La semana pasada ya hicieron los decisivos PET/TAC y Resonancia Magnética. Gracias a Dios, las lesiones que había en el PET/TAC inicial han desaparecido todas. Bendita quimio que se llevó una buena parte de mi salud, y bendita radioterapia… Sin embargo, ahora parece que tengo un acceso infeccioso en los lumbares, concretamente en la vértebra L5 que también afecta al músculo psoas. ¿Infeccioso? Eso dicen los radiólogos. ¿Leucémico? No lo parece. Sospechas, dudas, fantasmas… que habrá que resolver este miércoles con una punción de la zona afectada. Es una zona delicada, y un diagnóstico delicado, que probablemente requerirá que mañana me ingrese.

Así es mi vida ahora. La mía, y la de los que me quieren y están tan cerca de mí que viven y ven mi realidad día tras día. Incertidumbre. Duda. Sobresaltos. Pruebas constantes en busca no sólo de lo que ocurre sino de lo que pudiera estar ocurriendo. Quien pretenda encontrar paz, tranquilidad, normalidad… mejor que no se acerque mucho 🙂 Aquel que necesite planificar a medio y largo plazo, no me encontrará en su agenda. No sé ni siquiera lo que podré o el cuerpo me permitirá hacer hoy mismo.

Por suerte, y gracias sin duda al Señor y su fuerza, sí he tenido una semana donde tras el bajón del virus/porro he podido levantar un poco la cabeza. Aún muy convaleciente y débil, me uní a una eucaristía y adoración al Santísimo organizada por el Camino de Emaús, donde yo encontré la fuerza del Señor que necesitaba y muchos asistentes encontraron además el sorpresivo regalo del encuentro mutuo. Luego un simple BurgerKing en familia con peliculita en casa. Poder conducir el coche desde casa a la iglesia de San Miguel y que tu hijo pequeño te diga “Papá, ¿ya te has curado? Estás conduciendo”. Volver a reír en casa y a hacer bromas, volver a generar esperanza y alegría en los que me rodean. Ir con mis suegros a celebrar el resultado del PET a La Canasta y tomarnos una rebanada de rico pan con jamón; o al Club Mediterráneo a charlar con mis cuñados de sus ilusionantes proyectos laborales. Acompañar a Reme a por sus flores que cada vez son más pétalos de vida que entrega desinteresadamente colaborando con AVOI y en la que está tan ilusionada. Ver a Joan Plaza y a los jugadores en Eroski junto a mi hermano Rafa, acordándome de mi hermano Miguel. Recibir una gran sorpresa de mi coro en forma de oración comunitaria y ensayo en Gibralfaro en una sillita de playa para estar cómodo y arropado; o reunirnos en casa de mi madre para llenar esa casa de música y fraternidad con sus magníficas tapitas por una tarde…

Seguro que pensáis que son cosas tan… simples. Pero es que además todo eso está limitado: intermitente e intenso dolor en la espalda, ritmo lento al caminar, con necesidad de apoyarme en alguien para subir escalones, sin poder coger mis propias cosas y tener que llevármelas otros, necesidad de estar sentado mucho tiempo…

Este conjunto es lo que yo defino hoy como “vida”, como “levantar la cabeza”. Quizá muy pocos comprarían este paquete de actividades y limitaciones como algo deseable. Yo sí.

Además, el Señor está siempre ahí. Bendito sea Dios, que me regala a personas que tienen una visión especial, que va más allá de la “normalidad” y lo “apetecible”. Que, por puro y desinteresado cariño, son capaces de aminorar el paso para ir a mi lento ritmo, agarran mi mano para subir cada escalón, se preocupan de buscar el mejor asiento, transportan el peso de mis cosas, preparan y me traen la comida más adecuada, u ofrecen la palabra y el gesto de ánimo más alentador anticipándose a mis a veces grises pensamientos…

Mañana llega otro escalón. Yo, como siempre, seguiré dándolo todo. Confiando. Luchando. Rezando. Que la Virgen guíe esta nueva etapa. Que dé fuerzas a los que lo viven de cerca, y que no desfallezcamos.

Me quedo con el sonido de una banda sonora que nos ha acompañado desde el principio y que siempre vuelve recurrentemente. No temas. No temáis. Alegraos. No tengamos miedo a ser felices. Porque aunque parezca mentira, con una simple colección de actividades básicas y limitadas físicamente se puede VIVIR y SENTIRSE VIVO.

Un abrazo. Yo confío. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

Los médicos artistas

Hola amigos,

En primer lugar, gracias a todos por vuestro apoyo estos días de silencio a través de este blog y de los canales alternativos: mi familia, el WhatsApp, etc.

Están siendo días difíciles. Al dolor de espalda que de vez en cuando baja cual cable eléctrico por las piernas, se está sumando un repentino bajón físico generalizado, un mal cuerpo a veces acompañado de fiebre que no da la cara con otro síntoma. La situación es muy frustrante, pues estoy bastante atontado en general y apenas tengo fuerzas para pasear un poco por la casa.

Los pobres doctores no encuentran la causa última de esta situación. Las analíticas ofrecen buenas cifras en la parte hematológica. No hay anemia. Las defensas son normales. El hígado sigue afectado pero nada diferente a las semanas anteriores. La PCR sí muestra signos de infección o inflamación… Todo apunta a que se trata de un virus, un virus que hay que pasar, que hay que dejar atrás, pero que cada día me tiene más débil… y ya llevamos una semana así.

Hay que reconocer que, llegados a ciertas etapas, a ciertos límites, la medicina trasciende su naturaleza científica para convertirse en un arte. Mi trayectoria es, cuanto menos, singular. Leucemia compleja, trasplante de médula in-extremis para intentar enderezar el rumbo de un barco que iba a la deriva, recuperación en tiempo record, luego un EICH casi mortal del que salimos gracias a una suma de milagros… Una recuperación lenta y compleja con desnutrición y dolores de barriga, seguida de un periodo de vitalidad inusitado, y por desgracia una recaída extramedular combatida con una quimio que trajo una grave infección… que nos lleva hasta el día de hoy.

Llegados aquí, entender qué puede estar pasando en mi cuerpo, cómo reaccionará, cuáles serán los siguientes pasos a realizar… son preguntas de difícil respuesta incluso para los profesionales de la medicina. Hoy querría que mi homenaje fuera para ellos, para mis doctores artistas, que consiguen arañar días a la vida venciendo a la enfermedad con cada paciente. Que siempre se preocupan por dar el mejor trato posible. Que se llevan a casa los disgustos y sinsabores de una especialidad durísima por las enfermedades y los tratamientos a realizar. Dios os bendiga siempre, queridos artistas, y ojalá demos pronto con la tecla de cómo poder paliar lo que le pasando estos días a mi cuerpo.

Y a pesar de la evolución de los acontecimientos, siempre la confianza arriba. La dureza es por momentos extrema, la confianza también. Que el Espíritu Santo venga y se derrame sobre todos vosotros este domingo de Pentecostés. Un abrazo a todos. Yo confío. ¡¡¡Vamooosss!!!

Señales de vida

Hola amigos,

Lo primero, confirmar que estoy en casa y que ya me dieron el alta de aquel ingreso debido a una pérdida repentina de neutrófilos en sangre. ¿Toxicidad? ¿Infección? No lo sabemos… Lo importante es que las defensas volvieron con fuerza y que estoy en casa.

En cuanto a afecciones, lo más relevante sigue siendo el dolor intenso a nivel lumbar que se mitiga algo cuando tomo antinflamatorios pero vuelve con mucha fuerza cuando no los tomo. Me deja paralizado y necesito ayuda para acciones básicas: vestirme, levantarme de la cama, ir al servicio… He empezado con fisioterapia y quiroplastia.

Sigo también con las sesiones de radioterapia diarias en la cadera, supuestamente el último paso de esta fase antes de pasar a la siguiente… de la cual hablaremos en próximos capítulos.

A pesar de todos estos achaques, permanecer una semana seguida en casa se ha convertido en un auténtico artículo de lujo. En los momentos de menos dolor me aventuré a dar un paseíto por el barrio, o por el parque. Estar un solo día en casa con la familia es un regalo que ya no puedo desaprovechar, aunque a veces pague el “sobreesfuerzo” por las noches 🙂

Hago balance de este trimestre (Febrero – Abril) y verdaderamente para un outsider (alguien que lea esta historia desde fuera) la conclusión podría ser: “vaya trimestre más nefasto”. Con lo “bien” que estaba en Navidad, y va y se muere mi padre, seguidamente en días me confirman lo del sarcoma, ingreso, quimio intensa, infección masiva, debilidad y pérdida de peso, sordera del oído izquierdo, pérdida parcial de visión, ingreso por bajada brusca de defensas, 10 sesiones de radioterapia, ahora reventando por el dolor de espalda…

Sin embargo la vida te manda señales inequívocas de que eres afortunadísimo y que tienes que seguir luchando, rezando y confiando.

La sala de espera de radioterapia es una amalgama de dolencias. Pacientes oncológicos de toda edad, grado, tipo de cancer… esperan su turno para entrar en las máquinas que disparen su invisible radiación a los tumores que nos acompañan a la entrada, y deseamos sean un poco más pequeños a la salida. El primer día decidí ir solo. Necesitaba un poco de aire tras los últimos ingresos, y también dedicarme tiempo para meditar y observar. Al llegar y sentarme, pensaba en lo jodido de mi recaída, lo débil que me había quedado por la infección… Allí estaba yo en mis tribulaciones, cuando a los dos minutos, llega un matrimonio con un niño. Sin poder evitarlo, intento identificar quién de los tres es el enfermo, y no pude hacerlo. Los tres venían vestidos de la misma forma, con camisa veraniega y bermudas. Los tres llevaban gorra. Y los tres tenían el pelo rapado, dejando solo entrever unas pelusillas al aire. Enseguida, se ponen a hablar entre ellos, y cada tres o cuatro frases se escapaba una sonora y contagiosa carcajada. Tuve inevitablemente que dejar de pensar en mis inciertas penurias, y ponerme a reír junto con aquella familia tan entrañable. Al llegar nuestros turnos, nos llaman por el nombre. “Gabriel Ramos”. Seguidamente pronuncian el suyo (uso uno ficticio para guardar su privacidad): “Andrés Lopez”. Aquel niño de 8 años se levanta conmigo, sonriente, me mira, y juntos nos encaminamos por la puerta, rumbo cada uno a nuestras máquinas radioactivas, mientras sus padres, rapados ambos en solidaridad con su hijo, lo despedían con un beso al aire.

Señales que te rellenan de vida mutuamente… como por ejemplo cuando, durante mi último ingreso, RosaMary, la madre de Pablo Ráez me contacta por WhatsApp para ver cómo sigo. Mantenemos una conversación privada, larga, intensa, íntima. Ambos sentimos a Pablo muy vivo y muy presente. Recordamos juntos el momento de conocernos, aquel “¿os apecece un rosquito?” en el despacho de Manolo Barrios, que narraba en mi entrada “Hermano Pablo Ráez”. Nos despedimos… y a la mañana siguiente una chica de porte elegante entra en mi habitación con la mascarilla. Ignoro quién es. Me dice que es la prima de RosaMary, y que por expreso deseo de ella me manda una caja de los mismos rosquitos de aquel día, que RosaMary está segura que me suben las defensas…

Amigos… hay tantas señales de vida que podría contaros. Mirad a vuestro alrededor, ¡están mas cerca de lo que creéis! Solo hace falta observar y contagiarse.

Un abrazo amigos. Yo confío. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

Pascua de Resurrección

El calendario es a veces caprichoso. El ingreso para comenzar la nueva quimio coincidió con la cuaresma. Tanto en tiempo, como prácticamente en duración. Una cuaresma vivida de una forma diferente pero no menos intensa. La cuaresma, de hecho, conmemora los cuarenta días de ayuno y tentaciones que pasó Jesús en el desierto.  Mi “cuaresma” fueron unos 36 días. En ella pude sentir la fragilidad de nuestro cuerpo ante las infecciones. Las tentaciones del demonio, que te pide tirar la toalla, no seguir luchando. Pero también la grandeza del Señor, que es en el fondo quien nos sostiene y nos lleva de la mano incluso en los caminos más oscuros.

El alta no me trajo un camino fácil, tampoco. He perdido audición en el oído izquierdo. Bastante. Por la evolución tan rápida, me asusté. Pensé que quedaría sordo. Aparentemente todo se ha detenido y un oportuno audífono de mi padre (gracias Papá, siempre aliviando nuestras preocupaciones) reconfigurado hace que al menos mi cabeza no piense 24 horas en los efectos degradantes del anterior ingreso.

La Semana Santa la viví con pocas fuerzas (mis pasos eran todavía débiles e inseguros), pero intensamente. Esto ha sido otro regalo del Señor. Doy las gracias a Jorge y Cintia, y a su familia, que me acogieron en su casa un año más para disfrutar de las procesiones. A mi suegro por su ánimo siempre positivo y por invitarnos a esa comida tan rica, celebrando mi futura curación. Y a mi coro de San Miguel de Miramar, una auténtica familia, que no sólo canta sino que como aquellos primeros cristianos vive la fe de forma profunda y compartida.

En las celebraciones de Jueves Santo, tuve el honor de ser elegido para que el sacerdote me lavase los pies. Qué momento cargado de emoción, de simbolismo por lo vivido, por lo acumulado, por lo que queda por caminar… El Viernes Santo la Cruz se convierte en un misterio,  de aparente dolor, y también de certera salvación. Contemplar ese misterio, nunca entenderlo pero sí contemplarlo, ayuda a saber cuánto nos quiere…

Y llegó Pascua de Resurrección. Yo con mis preocupaciones por la audición. Semihundido. Triste. Asustado… En esos momentos el Señor te manda señales. Nítidas. Sólo hay que saber leerlas. Se queda un Salmo libre para leer, porque una persona se indispone. Me ofrezco, con dudas de si mi audición afectaría a mi dicción (qué estupidez…). Salgo con la iglesia a oscuras, excepto el libro que debo leer. Desde el altar, intuyo únicamente al fondo a mi querido coro, con sus linternillas buscando el próximo canto. Comienzo. Y las palabras salen del libro a mis ojos, me atraviesan, y fluyen por mi boca y por mi alma, cual mensaje teledirigido convertido en infinito deseo: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo…”. Vivir.

Durante la misa, con los cantos, se me nota incómodo. No escucho bien. Alguien con especial sensibilidad me observa y lee mi cara de preocupación. Ella se acerca, da el paso y tras contarle mi problema, me responde con un mensaje también nítido: “El Señor te sanará, Gabi. No te quedes en el sepulcro. ¡¡¡Arriba con Cristo!!!”.

Ha pasado una semana de todo esto. De la maravillosa e intensa Semana Santa. Llena de señales. De momentos inolvidables. Hoy estoy ingresado en Carlos Haya de nuevo. Tratando de poner explicación y arreglar una bajada inesperada de las defensas, a niveles peligrosos. Hoy me hacen pruebas, espero resultados. Llevo el audífono y lo que parecía el mayor problema hace una semana, mi audición, hoy es una auténtica anécdota y está más que aceptado…

Seguimos navegando con toda la incertidumbre acumulada pero con un convencimiento claro: el destino final. La confianza está intacta. Porque todo sigue ahí: la Virgen y su Hijo marcando el rumbo, acompañándome. Mi familia como bastión, vosotros dándome fuerzas con mensajes y oraciones, y los ángeles de la guarda que desde el cielo y también personificados en la tierra orientan y guían mis pasos. Yo seguiré poniendo el resto.

Un abrazo. Feliz Pascua de Resurrección. Yo confío. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!

Creer hasta el final

Hola amigos,

En primer lugar os pido perdón por la tardanza de este post, debido a que estoy intentando exprimir cada momento fuera del hospital. Con la familia, con los amigos…

Todos somos conscientes que ha sido un ingreso duro. Durísimo. Reviso los (pocos) vídeos que me grabé y que envié a mis hermanos y ponen los pelos de punta…

En lo médico, he estado esta semana de múltiples revisiones y pruebas. Las instrucciones de los doctores fueron muy nítidas: Gabi, ahora toca recuperar tu cuerpo, no se puede hacer nada más hasta que no lo recuperes. Yo me afano en la tarea, como siempre, con ánimo y empeño de estar físicamente lo mejor posible, y también con una alimentación que me permita recuperar peso y energía. Es inevitable sin embargo, en esta ocasión, hacer una valoración y un recuento de los daños producidos por el último ingreso: lo más “evidente” es que he tenido una pérdida de audición considerable en el oído izquierdo, con los consiguientes pitidos (acúfenos) y mareos. Parece que se trata de un daño por toxicidad de los tratamientos recibidos, y ya veremos si es reversible o permanente. Aparentemente no es nada “grave” pero sí te recuerda las 24 horas del día que el daño está ahí, lo que llega a ser angustioso…

En cualquier caso, la terapia física debe ir siempre acompañada de un esfuerzo por seguir viviendo. Por aprovechar el regalo de cada día, con aquellos dones que se nos conceden. Os podría hacer la lista de pequeños acontecimientos, en su mayoría nada heroicos, que conforman esa colección de momentos inolvidables. Es ahora, en “la calle”, cuando además no tenemos fecha de vuelta al hospital, cuando sabes que no puedes desaprovechar ninguna oportunidad.

Así ocurrió hace justo una semana. Mi móvil suena y un SMS de un número desconocido entra diciendo. “Hola Gabi, soy Joan Plaza, quería saber cómo estabas y tomar un café contigo. ¿Por dónde vives? Un abrazo”. Las reacciones de mi familia fueron diversas. Desde “qué guay, dile que venga a casa” hasta la de mi niña, más precavida, que dijo “eso es un ladrón que quiere saber dónde vives”. 🙂

Tras un breve intercambio de más mensajes, todavía con la duda de si sería el “verdadero Joan”, quedamos en que yo me desplazaría al Carpena para charlar un rato antes de que el autobús del Unicaja partiera hacia el aeropuerto, rumbo a la final en Valencia. Allí pude saludar, desear suerte y conversar tranquilamente con todos: Bonny Ndong (todo un caballero),  Dani Díez, Nedovic… Luego llegó Carlos Suárez, que ya había utilizado mi foto de #MálagaNoSeRinde para twittear que, si yo no me rendía, ellos tampoco. Finalmente apareció el entrañable anfitrión de todo aquello.

Con Joan hablé de mi estado, de mi enfermedad, pero mayoritariamente de aquello que a los dos nos apasiona: el baloncesto y la estrategia. Saber leer el juego de manera táctica y también saber leer la psicología de la situación, del rival, del entorno… Conversamos de disfrutar del juego, de no presionarse en exceso, de confianza, de fe, de aprovechar las oportunidades sin salirnos de nuestros valores y nuestro estilo. De darlo todo y volver siempre satisfecho. También le comenté mi teoría del “efecto vinagre” (esto queda entre él y yo) 🙂 En definitiva: Joan me hizo todo un regalo, no solo por el polo firmado por los jugadores que me regaló, sino sobre todo me hizo olvidar completamente todo el dolor pasado mientras veía como pude todos los partidos de las eliminatorias de Eurocup en aquella tele pequeñita de la habitación 602…

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Al día siguiente, vimos mi hermano y yo el partido en mi casa, esta vez en televisión grande. La historia la conocéis todos. El partido fue una demostración de tantos y tantos aspectos que no debemos olvidar y que me aplico en mi día a día: soñar, esforzarse, no venirse abajo cuando el enemigo parece que ha resuelto todo, creer, luchar, sin dejar de disfrutar, sin abandonar los valores que nos trajeron hasta esta final… En ese último cuarto mágico, veía a Carlos Suarez haciendo un sobreesfuerzo brutal, cumpliendo su compromiso de un día antes. Y así el resto. De repente, recordé mi conversación con ellos. Comencé a verlos exhaustos, pero disfrutando. Y llegó el “efecto vinagre”. Y ganamos la Copa… y me acordé de mi padre, y di gracias por vivir.

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Y allí estaba Joan, el que creyó hasta el final, el que se preocupó por mí durante sus días de mayor tensión, el que priorizó venir a mi casa antes de otras actividades. Mirad sus palabras para Onda Azul (pinchar enlace):

https://goo.gl/photos/EVSZCGDkahbruXCw8

Al día siguiente, solo sentía que tenía que darle la gracias a mi amigo Joan en persona. Mi hada madrina Elvira hizo la magia. Sin que nadie de Unicaja supiera nada, me presenté en el Ayuntamiento. Y todos se alegraron de verme. Y pudimos disfrutar de la victoria. Y Joan se abrazó a mí para decirme “lo hemos conseguido, Gabi”.

Está claro que uno vive más animado la enfermedad cuando comprueba de forma tan cercana que los que sueñan, creen, confían, no se rinden, no se doblan ante la adversidad, disfrutan, viven y se esfuerzan a pesar de todo al final consiguen el objetivo. Este equipo, el equipo de mis amores, me lo ha demostrado. Descomponer la alta montaña en pedacitos de roca para escalar.

Pero incluso por encima de eso me quedo con los valores de aquel, como mi amigo Joan, que prioriza en el día de mayor estrés de su vida el ver a un aficionado “desconocido” sobre otras actividades. Que se acuerda de su amigo Gabi en el momento de la victoria..  Gracias, Joan, siempre guardaré lo vivido y nuestra amistad en mi corazón. Y ojalá celebremos muchas más “victorias”, entre ellas la mía, juntos.

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Un abrazo amigos. Yo confío. ¡¡¡VAMOOOSSS!!!